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EL CIELO

34

La unión del Cielo con el hombre a través de la palabra

303. Los que piensan por su razón interior pueden ver que todas las cosas tienen conexión con lo primero, por medio de cosas intermedias, y que toda cosa que no se halle en conexión desaparece; porque cuando piensan saben que nada puede existir de y por sí mismo, sino por un anterior, así todo de y por un primero, y que la conexión con lo precedente es como la del efecto con su causa eficiente, porque apartando la causa eficiente de su efecto, el efecto se anula y desaparece. Los doctos, habiendo pensado así, han comprendido y han dicho que subsistencia es perpetua existencia, por consiguiente que por un primero; puesto que de este han nacido, también existen perpetuamente, es decir, subsisten todas las cosas. Pero cual y como es la conexión de cada cosa con la que precede, o sea con lo primero, del cual todas vienen, no se puede decir con pocas palabras, siendo sumamente variado y diferente, sólo en general se puede decir que hay conexión entre el mundo natural y el mundo espiritual, y que es por esta razón que hay correspondencia entre todas las cosas que se hallan en el mundo natural y todas las cosas que hay en el mundo espiritual (de cuya correspondencia véase arriba, n. 103-115), y asimismo que hay conexión y por ello correspondencia entre todas las cosas del hombre y todas las cosas del cielo (de lo cual véase también arriba, n. 87-102).

304. El hombre ha sido creado de manera a poder con el Señor tener conexión y conjunción, pero con los ángeles tan sólo asociación. La razón por la cual con los ángeles no puede tener conjunción, sino tan sólo asociación, es que el hombre es por creación como el ángel en cuanto a sus cosas interiores, que son de la mente, porque el hombre tiene una voluntad parecida a la del ángel y parecido entendimiento; es por esto que el hombre, después de la muerte, si ha vivido conforme el Divino orden, llega a ser ángel, y que entonces tiene igual sabiduría que los ángeles: por lo cual, cuando se dice conjunción del hombre con el cielo, se entiende su conjunción con el Señor, y asociación con los ángeles, porque el cielo no es cielo por lo propio de los ángeles, sino por lo Divino del Señor. Que lo Divino del Señor hace el cielo se puede ver arriba (n. 7-12). El hombre tiene además lo que los ángeles no tienen, que no tan sólo se halla, en cuanto a sus cosas interiores, en el mundo espiritual, sino al mismo tiempo, en cuanto a sus cosas exteriores, también en el mundo natural; sus cosas exteriores que están en el mundo natural son todo cuanto pertenece a su memoria natural o exterior, y que por lo tanto pertenece al pensamiento y a la imaginación; en general conocimientos y saberes con sus goces y placeres, en cuanto tengan sabor del mundo, y también varios deleites que pertenecen a las cosas sensuales del cuerpo; además los sentidos, el habla y las acciones. Todas estas cosas son también las cosas más exteriores, en las cuales termina el influjo Divino del Señor, porque este influjo no separa en el medio sino continua hasta sus últimas cosas; puede por esto ser claro que en el hombre está lo último del Divino orden y por ser lo último es asimismo la base y el fundamento. Puesto que el influjo Divino del Señor no se detiene en el medio, sino continua hasta sus últimas cosas, como queda dicho, y puesto que el medio que atraviesa es el cielo de los ángeles, y lo último está en el hombre, puesto también que nada hay incomunicado, sigue que la conexión y conjunción del cielo con el género humano es tal que lo uno subsiste por lo otro, y que el género humano sin el cielo sería como una cadena sin gancho, y el cielo sin el género humano sería como una casa sin fundamento.

305. Pero puesto que el hombre ha roto esta conexión con el cielo por haber apartado del cielo sus cosas interiores, volviéndolas hacia el mundo y hacia sí mismo a causa del amor a sí mismo y al mundo, sustrayéndose así de manera a no poder más servir de base y fundamento al cielo, ha sido proporcionado por el Señor un medio que al cielo haría las veces de base y fundamento, sirviendo asimismo para la conjunción del cielo con el hombre. Este medio es el Verbo. De que manera el Verbo sirve como tal medio se ha explicado con muchos detalles en "Arcana Coelestia," las cuales se pueden ver en compendio en el opúsculo "El Caballo Blanco" del que se trata en el Apocalipsis, y también en el "apéndice de La Doctrina Celestial," de lo cual consignamos aquí algunas cosas en las notas al pie.

306. He sido informado del cielo que los primitivos hombres tenían una revelación inmediata, hallándose sus cosas interiores vueltas hacia el cielo, y que por este medio tenía entonces lugar la conjunción del Señor con el género humano; pero que después de aquellos tiempos no hubo tal inmediata revelación, sino una mediata por medio de correspondencias, porque todo su culto Divino constaba de ellas; por lo cual las iglesias de aquellos tiempos se llamaban iglesias representativas. Conocían entonces lo que es correspondencia y lo que es representación, y que todas las cosas que están en la tierra corresponden a cosas espirituales, que están en el cielo y en la iglesia, o lo que es lo mismo, que las representaban; por lo cual las cosas naturales, que formaban lo exterior de su culto, les servían como medios de pensar espiritualmente, es decir, con los ángeles. Después de ser extinguida la ciencia de las correspondencias y representaciones, fue escrito el Verbo, en el cual toda palabra y todo sentido de palabras son correspondencias, conteniendo así un sentido espiritual o interior en el cual se hallan los ángeles; por lo cual cuando el hombre lee el Verbo y lo percibe según el sentido literal o exterior, los ángeles lo perciben según el sentido interior  espiritual; porque todo pensamiento de los ángeles es espiritual, pero el pensamiento del hombre es natural; estos pensamientos parecen por cierto diferentes, pero no obstante forman un mismo pensamiento, puesto que corresponden. Esta es la razón por la cual, apartado el hombre del cielo y roto el vínculo, ha sido provisto por el Señor un medio de conjunción entre el cielo y el hombre, mediante el Verbo.

307. De que manera se verifica la conjunción del cielo con el hombre mediante el Verbo, ilustraré con algunos pasajes del mismo. "La Nueva Jerusalén" se describe en el Apocalipsis con estas palabras:

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva y el primer cielo y la primer tierra se fueron... y vi la santa ciudad, Jerusalén nueva, que descendía del cielo de Dios; y la ciudad está situada y puesta en cuadro, y su largura es tanta como su anchura; midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la largura, la anchura y la altura de ella son iguales, y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de un hombre, la cual es del ángel, y el material de su muro era de jaspe, mas la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio, y los fundamentos del muro de la ciudad estaban adornados de toda piedra preciosa las doce puertas eran doce perlas, y la plaza de la ciudad era de oro puro, como vidrio transparente El hombre que lee esto lo entiende sólo según el sentido literal, es decir, que el cielo visible perecerá junto con la tierra, y un cielo nuevo aparecerá y sobre la tierra nueva descenderá la santa ciudad de Jerusalén y que será en cuanto a todas sus medidas según la descripción; pero los ángeles que se hallan con el hombre entienden de muy diferente manera, es decir, entienden de una manera espiritual todos los detalles que el hombre entiende de una manera natural; por el "cielo nuevo y la tierra nueva" entienden la iglesia nueva; por la ciudad de Jerusalén, descendiendo de Dios del cielo, entienden su doctrina celestial, revelada por el Señor; por largura, anchura y altura de la misma, que son iguales, y doce mil estadios, entienden todos los bienes y verdades de esta doctrina en un conjunto; por su "muro" entienden las verdades, que la protegen; por la medida del muro, "ciento cuarenta y cuatro codos, que es la medida de un hombre, esto es de un ángel," entienden todas esas verdades en su conjunto y su calidad; por las "doce puertas de la misma, que son doce perlas," entienden las verdades introductorias; "perlas" significan en efecto tales verdades; por "los fundamentos de los muros, que son de piedras preciosas," entienden los conocimientos, sobre los cuales se funda esta doctrina; por "oro igual a vidrio puro," del cual era la ciudad, y también la plaza de la misma, entienden el bien del amor, por el cual resulta transparente la doctrina con sus verdades. Así perciben los ángeles todo esto; por lo tanto, no como el hombre; las ideas del hombre natural se trasforman de esta manera en ideas espirituales en los ángeles sin que tengan conocimiento alguno del sentido literal del Verbo, como por ejemplo "del cielo nuevo y de la tierra nueva," "de la nueva ciudad de Jerusalén," de "su muro de los fundamentos del mismo y de las medidas;" no obstante los pensamientos de los ángeles forman uno con los pensamientos del hombre, puesto que corresponden; forman uno casi de la misma manera que las palabras del que habla y el sentido de ellas percibido por el oyente, el cual no se fija en las palabras sino tan sólo en el sentido." Esto enseña claramente de que manera el cielo tiene conjunción con el hombre por medio del Verbo:

"En aquel tiempo habrá una calzada de Egipto a Asiría y asirios entrarán en Egipto y egipcios en Asiría, y los egipcios servirán con los asirios a Jehová; en aquel día Israel será tercero con Egipto y con Asiría; será bendición en medio de !a tierra porque Jehová de tos ejércitos los bendecirá diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto, y Asiría, obra de mis manos, e Israel mi heredad" (Isaías cap. 19: 23-25).

De que manera piensa el hombre, y de que manera el ángel, puede ser evidente por el sentido literal del Verbo y por su sentido interno; el hombre piensa, según el sentido literal, que los egipcios y los asirios serán convertidos a Dios y aceptados, y que formarán uno con la gente israelita: pero los ángeles piensan, según el sentido interno, en el hombre de la iglesia espiritual, el cual allí en ese sentido se describe, cuyo espiritual es "Israel," cuyo natural es el "egipcio," y cuyo racional, que es el intermedio, es "asur." Ambos sentidos forman, sin embargo, un solo sentido, puesto que corresponden; por lo cual al pensar el ángel de la indicada manera espiritualmente y el hombre naturalmente, se hallan unidos casi de la misma manera que el alma y el cuerpo; en efecto, el sentido interior del Verbo es su alma y el sentido literal es su cuerpo. Tal es el Verbo en todas sus partes; es, por lo tanto, claro que es el medio de conjunción entre el cielo y el hombre, y que su sentido literal sirve de base y fundamento.

308, El cielo tiene conjunción mediante el Verbo también con los que están fuera de la iglesia, donde no se halla el Verbo; porque la iglesia del Señor es universal y está en todos cuantos reconocen a lo Divino y viven en amor al prójimo. Después de la muerte son también instruidos por ángeles y reciben las Divinas verdades, de cuyo particular se puede ver más adelante en el artículo que trata de los gentiles. La iglesia universal en la tierra es ante la vista del Señor como un solo hombre, de idéntica manera que el cielo, (de lo cual arriba, n. 59-72); pero la iglesia donde el Verbo se encuentra, y donde por él es conocido el Señor, es como el corazón y el pulmón en este hombre. Es cosa conocida que toda víscera y miembro del cuerpo entero sacan su vida del corazón y del pulmón mediante varias derivaciones; así vive también aquella parte del género humano que está fuera de la iglesia y que forma los miembros de aquel hombre. La conjunción del cielo por el Verbo con aquellos que se hallan distantes puede también compararse con la luz, que desde el centro se propaga en derredor. La Divina luz está en el Verbo, y allí presente el Señor con el cielo, por cuya presencia los que están distantes también se hallan en luz. Otra cosa sería si no existiera el Verbo. Esto puede aclararse más por lo que más arriba se ha expuesto acerca de la forma del cielo, con arreglo a la cual hay allí asociaciones y comunicaciones. Este secreto es inteligible a los que se hallan en la luz espiritual, pero no a los que tan sólo se hallan en una luz natural, porque los que están en la luz espiritual ven claramente innumerables cosas, las cuales no ven los que sólo están en la luz natural, o las ven como una masa confusa.

309. Si tal Verbo no se hubiera dado en esta tierra, el hombre de esta tierra hubiera quedado separado del cielo, y separado del cielo no sería ya racional, porque la racionalidad humana existe por influjo de la luz del cielo. El hombre de esta tierra es en efecto de tal naturaleza que no puede recibir una revelación directa y mediante ella ser instruido en las verdades Divinas, como los habitantes de otras tierras, de las cuales se ha tratado en un opúsculo especial; porque se halla más que ellos en cosas mundanas, o sea en cosas exteriores, y las cosas interiores son las que reciben la revelación; si las cosas exteriores la recibieren, no entenderían la verdad. Que el hombre de esta tierra es así es evidente por los que son de la iglesia, los cuales, por más que tengan por el Verbo conocimiento del cielo, del infierno y de la vida después de la muerte, sin embargo, los niegan en el corazón; y entre ellos se hallan también aquellos que, con preferencia de los demás, han buscado fama por erudición, los cuales, se creería, serían más sabios que otros.

310. Con los ángeles he hablado algunas veces acerca del Verbo, y he dicho que por algunos es despreciado a causa de su estilo sencillo; que nada en absoluto saben de su sentido interior, y por ello no creen que tan grande sabiduría se halla oculta en él. Los ángeles dijeron que el estilo del Verbo, por más que parece sencillo en el sentido literal, es, sin embargo, de tal naturaleza que nada puede jamás compararse con él en cuanto a excelencia, siendo así que la Divina sabiduría se halla allí no tan sólo en toda frase sino también en cada palabra, y que esta sabiduría luce en el cielo. Querían decir que es la luz del cielo, puesto que es la Divina verdad; porque la Divina verdad luce en el cielo (véase arriba, n. 132). Han dicho también que sin tal Verbo no habría luz alguna en los hombres de nuestra tierra, tampoco, pues, conjunción entre el cielo y ellos, porque tanto como la luz del cielo está presente en el hombre, tanto hay conjunción y tanto tiene también revelación de la Divina verdad mediante el Verbo. La causa de que el hombre no sabe que esta conjunción tiene lugar mediante el sentido espiritual del Verbo, que corresponde a su sentido natural, es que el hombre de nuestra tierra nada sabe del pensamiento y del hablar espirituales de los ángeles, que son diferentes del pensamiento y del hablar del hombre natural, y no sabiendo esto, no puede en manera alguna saber lo que es el sentido interior, y por consiguiente ha de ignorar que mediante esté sentido puede tener lugar tal conjunción. Han dicho también que si el hombre supiera que hubiese tal sentido, y pensara por algún conocimiento del mismo mientras leyese el Verbo, entraría en una sabiduría interior y una más íntima conjunción con el cielo, porque entonces entraría en ideas semejantes a las ideas angelicales.

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